Joven fugado del INISA amenaza con matar a un policía y vuelve a exponer el colapso del sistema.
Un nuevo episodio de extrema gravedad vuelve a poner en el centro del debate el fracaso del sistema de rehabilitación juvenil en Uruguay. Uno de los jóvenes que se fugó recientemente del INISA publicó en redes sociales una imagen en la que se lo observa portando armas de fuego de alto poder, acompañada de un mensaje explícito y alarmante: amenazó con matar a un policía y anticipó que “en breve habrá noticias”.
La publicación generó una inmediata reacción de las autoridades, que iniciaron una investigación para dar con el paradero del joven y evaluar el alcance real de la amenaza. Mientras tanto, el fugitivo continúa prófugo, evidenciando serias fallas en el control estatal y en los mecanismos de custodia de individuos considerados de alto riesgo.
El hecho no es aislado. Se suma a una larga lista de episodios que reflejan años de políticas permisivas impulsadas durante los gobiernos del Frente Amplio, donde se priorizó un enfoque ideológico de “inclusión” por sobre la seguridad de los ciudadanos y de los propios funcionarios policiales. El resultado está a la vista: delincuentes juveniles armados, sin control y desafiando abiertamente al Estado.
La amenaza directa contra un efectivo policial no solo constituye un delito grave, sino que también representa un mensaje de impunidad y desprecio por la autoridad. Para muchos, este caso confirma que el modelo aplicado durante más de una década fracasó rotundamente, dejando centros desbordados, fugas recurrentes y una creciente violencia que termina pagando la sociedad.
Mientras el sistema sigue mostrando grietas, crece el reclamo por medidas firmes, mayor control, sanciones reales y un cambio profundo en la política de seguridad. La pregunta que queda en el aire es hasta cuándo se seguirá tolerando un esquema que, lejos de rehabilitar, termina potenciando el delito y poniendo vidas en peligro.