El cinismo de la dictadura: Diosdado Cabello afirma que Venezuela es el país "más seguro del mundo" mientras el crimen y la represión imperan.
En un nuevo episodio de lo que parece ser una realidad paralela fabricada por el régimen de Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, actual Ministro de Interior y Justicia y figura clave del aparato represivo chavista, ha lanzado una afirmación que desafía toda lógica y estadística internacional: según él, no existe un país más seguro en el planeta que Venezuela.
Estas declaraciones, emitidas recientemente, forman parte de la narrativa oficialista que intenta blanquear la imagen de un Estado fallido ante la comunidad internacional. Cabello, conocido por su retórica confrontativa y su control sobre los organismos de inteligencia, aseguró que la nación caribeña ha alcanzado niveles de paz ciudadana que envidiarían potencias occidentales.
La desconexión con la realidad
Sin embargo, los datos cuentan una historia muy distinta. Para cualquier analista con enfoque de derecha y defensor del Estado de Derecho, las palabras de Cabello no son más que propaganda ideológica. Mientras el régimen celebra una "seguridad" ficticia, Venezuela sigue figurando en los índices globales como uno de los países con mayor opacidad en cifras de criminalidad y violaciones sistemáticas a los derechos humanos.
Lo que Cabello denomina "seguridad" es, en realidad, el resultado de un control social asfixiante. Bajo la óptica conservadora, la verdadera seguridad proviene del respeto a la propiedad privada y la vigencia de la ley, no de la presencia de colectivos armados y organismos policiales que actúan como brazo político del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).
Un paraíso para el crimen organizado
Resulta contradictorio que se hable de un país "seguro" cuando Venezuela ha sido señalada repetidamente por organismos internacionales como un santuario para grupos irregulares, el narcotráfico y el terrorismo regional. La ausencia de instituciones independientes ha permitido que las bandas criminales —muchas veces amparadas por la sombra del poder— controlen vastos territorios del país.
Para los defensores de la libertad económica y las democracias liberales, este discurso busca ocultar el fracaso del socialismo del siglo XXI. Tras haber provocado el mayor éxodo migratorio en la historia del hemisferio, el régimen intenta ahora vender una normalidad inexistente para atraer inversiones desesperadas y legitimidad política.