Durante una entrevista internacional, Milei afirmó que cada vez más ciudadanos “despiertan” y entienden que el discurso progresista no trajo justicia social ni desarrollo, sino Estados quebrados, economías cerradas y sociedades dependientes del asistencialismo. Para el mandatario, la experiencia venezolana es el ejemplo más claro del desastre provocado por ese sistema.
El jefe de Estado argentino fue particularmente duro con el régimen de Nicolás Maduro, al que calificó como una dictadura sostenida por la represión y el control militar. En ese marco, defendió una postura firme frente al chavismo y remarcó que la comunidad internacional no puede seguir mirando para otro lado mientras millones de venezolanos viven sin libertades básicas.
Milei también cuestionó a los gobiernos de izquierda de la región, a los que acusó de sostener privilegios políticos mientras empobrecen a la clase media y destruyen el sector productivo. Según su visión, líderes como Lula da Silva o Gustavo Petro representan un modelo agotado que se resiste a los cambios por miedo a perder poder.
En contraposición, el presidente argentino defendió un rumbo basado en libertad económica, reducción del Estado, apertura comercial y respeto irrestricto a la propiedad privada. Aseguró que ese camino ya está mostrando resultados en Argentina, con una fuerte baja de la inflación y el inicio de un proceso de ordenamiento económico luego de años de populismo.
Además, Milei reveló que trabaja en la conformación de un nuevo bloque regional de países alineados con ideas pro mercado, con el objetivo de romper con décadas de hegemonía ideológica de la izquierda latinoamericana y generar crecimiento genuino.
Para el mandatario, el cambio de clima político en la región no es casual: es la consecuencia directa del hartazgo social frente a gobiernos que prometieron igualdad y solo entregaron decadencia. “La región está empezando a entender que sin libertad no hay progreso”, sostuvo.