Durante su discurso, Rodríguez reafirmó su alineación con el proyecto chavista y defendió las decisiones del Ejecutivo, asegurando que el gobierno seguirá adelante pese a lo que calificó como intentos de desestabilización. También insistió en la narrativa de soberanía y resistencia frente a actores externos, un eje recurrente en sus intervenciones públicas.
La juramentación se produce en un momento complejo para Venezuela, atravesado por dificultades económicas persistentes, desconfianza social y tensiones diplomáticas. Para el oficialismo, este tipo de actos busca reforzar la estructura de poder y enviar señales de cohesión, mientras que para sectores críticos representa una maniobra simbólica sin impacto real en la situación del país.
Analistas señalan que la figura de Delcy Rodríguez continúa siendo clave dentro del esquema de gobierno, tanto por su rol político como por su influencia en áreas estratégicas. Su permanencia refuerza la idea de un núcleo duro que se mantiene firme frente a cualquier escenario de cambio.
El panorama venezolano sigue abierto y con alta incertidumbre. La nueva juramentación se suma a una serie de movimientos que reflejan un gobierno decidido a sostener su estructura, aun cuando el contexto interno y externo plantea desafíos cada vez más profundos.